Viernes 11 de setiembre 2026. Vigésimo tercera Semana del Tiempo Ordinario – Año Par
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 9, 16-19. 22b-27
Salmo 83, 3. 4. 5-6. 12 R/. ¡Qué deseables son tus moradas, Señor del universo!
Lucas 6, 39-42: ¿Puede un ciego guiar a otro ciego?
“Porque de la abundancia del corazón habla la boca”
¿Soy capaz de decirme la verdad de lo que vivo? Lucas en este capítulo y versículos, va poniendo en la boca de Jesús frases y sentencias que a lo largo de su vida y en diversos momentos y circunstancia fue diciendo.
La sabiduría de Jesús recuerda algo elemental: el otro es nuestro espejo. Si piensas que cuando juzgas y criticas a los demás lo único que haces es disfrutar o hacerles daño, te equivocas. Te haces daño a ti mismo, porque las palabras que salen de tu boca dejan al descubierto la maldad de tu corazón.
Luces y sombras, toda persona humana experimenta en su ser. Pero ¿qué es lo que me da autoridad para enjuiciar y dar sentencias sin antes parar, reflexionar, buscar las causas por las cuales los demás son y actúan de manera diferente?
El evangelio de hoy confronta nuestra vida y nuestra manera de vivir.
Hay conocimientos que se aprenden en los libros, en las universidades, en los laboratorios, con la inteligencia artificial (importantes y necesarios), pero, para los seguidores de Jesús es insuficiente, pues la verdadera sabiduría hay que buscarla (como dice Pagola), en lo más íntimo del ser humano, en silencio, descalzos, como aprendiz que busca en el Maestro los frutos del Espíritu: “BENIGNIDAD”, virtud que expresa un estado de ánimo que no es áspero, rudo, duro, sino afable, suave, que sostiene y conforta.
La persona que tiene estas cualidades ayuda a los demás a que su existencia sea más soportable, sobre todo cuando cargan con el peso de sus problemas y angustias. Que importante es encontrar personas que con sus palabras de aliento fortalecen, consuelan y estimulan.
Esta es la misión de los seguidores de Jesús el Resucitado.
F/Dominicos.org

