Lunes 23 de Marzo de 2020. A. 4a Semana de Cuaresma

Toribio de Mogrovejo (1606)

Is 65,17-21: No se oirán llantos. Salmo 29: Te ensalzaré, Señor, porque me has librado. Jn 4,43-54: Tu hijo está sano

Is. 65,17-21: Israel vivía en un caos y desorden producido por la infidelidad a Dios. Pero Él no se queda pasivo, actúa con amor, como nos dice el profeta: Miren, yo voy a crear un cielo nuevo y una nueva tierra. Gócense y alégrense siempre…me gozaré con mi pueblo. Ya no se oyeran gemidos ni llantos (Is. 65,17-19)

Jn 4,43-54. La tristeza y la muerte serán desterradas del reino de Dios. Jesús llega a Caná de Galilea. Un funcionario real lo busca por necesidad. Tiene a su hijo enfermo y quiere que Jesús lo sane. Jesús le cuestiona, como a nosotros hoy: “Si no ven signos y prodigios, ustedes no creen” (v. 48). A veces queremos obligar a Dios que actúe. Nos comportamos como los poderosos, sin nuestra participación. Es la falta de fe que nos cuestiona. Pero al mismo tiempo le da tranquilidad y le dice: “Regresa tranquilo, que tu hijo sigue vivo” (v. 50)

El funcionario creyó en la Palabra de Jesús y volvió a su hogar, donde comprobó lo que le había dicho y creyó con toda su familia (v. 53). ¡Qué hermoso testimonio de fe para todos nosotros! ¡Su fe personal se transforma en una fe colectiva! Acerquémonos a Jesús con fe, esperanza, creyendo en su Palabra da vida, salud, paz, armonía. Aceptemos a Cristo en nuestra vida, dejémonos que Él toque nuestro corazón para convertirnos y mejorar nuestras relaciones familiares. Qué bueno sería, si en cada hogar, se compartiera la Palabra de Dios y reflexionáramos ¿Qué nos dice para nuestra práctica personal, familiar y social? Y al mismo tiempo la compartiéramos con los demás. Es allí donde vamos creando esa tierra nueva de valores. ¡Basta que tú digas, Señor Jesús di una sola Palabra y tendré vida! La Palabra de Jesús sigue siendo buena noticia de amor frente a tanto odio y rencillas. Paz frente a tanta guerra y asesinatos. Él es el autor de la vida. Sólo Jesús puede darte la tranquilidad que te mueve a hacer nueva la creación formando varones y mujeres auténticos que influyan en un cambio en el corazón de la sociedad.

Danos un corazón nuevo y una mente nueva, Señor Jesús, para que, con tu Palabra, hagamos nuevas todas las cosas, desterrando los egoísmos y el gesto amenazante en el hogar, centro de estudios y de trabajo. Que tu Palabra se haga carne de nuestra carne. Amén.

Fr. Héctor Herrera OP.

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