Miércoles 18 de noviembre de 2020. Semana 33 T.0.
Basílica de Pedro y Pablo Rosa Filipina Duchesne (1852)
Ap 4, 1-11 Santo es el Señor
Salmo 150:
Lc 19, 11-28: Siervo perezoso e infiel
Los paisanos de Jesús pensaban que el reino de Dios sería instaurado por un Mesías poderoso, pero que Él lo haría todo. Es como hoy, pensamos que las autoridades van a hacerlo todo y por nuestra falta de participación y de vigilancia de éstas, es que hay tanto desacierto y corrupción en los proyectos que no benefician al pueblo.
Jesús con su habilidad del buen maestro nos enseña a través de esta parábola, el rey llama a sus servidores y les encarga hacer producir su dinero. Los dos primeros se esfuerzan y multiplican el dinero del rey. Se refiere a los talentos que Dios ha puesto en cada uno de nosotros. Estamos llamados a construir el reino de Dios. Unos lo hacen sensibilizando, concientizando a los hermanos a través de la música. Construir el reino de Dios depende de cada uno de los cristianos. Practicar el amor nace de un compromiso como familia. Defender la vida y la justicia como don de Dios, depende de cada uno y exigir a las autoridades transparencia y santo temor de Dios para actuar con rectitud.
El siervo que guardó el dinero de su Señor, lo guardó en un pañuelo, por temor. Así hay creyentes que no quieren comprometerse, son indiferentes indolentes, cuando hay necesidad de actuar. Tienen miedo y no quieren hacerse nada ni para sí mismos, menos para los demás. Porque no aceptan la vida de Dios con amor y libertad.
Por eso la lectura del evangelio, justamente nos habla de la vigilancia y el esfuerzo por realizar los valores del reino: auto valorándonos como personas y creciendo en la madurez cristiana.
En nuestro tiempo es necesaria la fuerza de un corazón sincero para seguir amando y alegrándonos en el Señor en la construcción del reino de la vida, amor, justicia, paz y libertad.
Siembra en tu corazón la Palabra de Dios y tendrá frutos de vida, amor, alegría, paz, fortaleza y seguridad en ti, en el otro y en tu comunidad.

