Evangelio del día Lunes 25 Septiembre 2023. Vigésimo quinta Semana del Tiempo Ordinario – Año Impar

Primera lectura: Comienzo del libro de Esdras 1,1-6

Sal 125,1-2ab.2cd-3.4-5.6 R/. El Señor ha estado grande con nosotros

Lectura del santo evangelio según san Lucas 8,16-18

En este inicio del Libro de Esdras, se relata la reconstrucción del Templo de Jerusalén a la vuelta del destierro de Babilonia. Se pide ayuda material “a todos los judíos supervivientes, donde quieran que residan”. Bien está esta reedificación de este Templo tan importante para el pueblo judío, como nos lo demuestra una de las acusaciones contra Jesús ante el Sanedrín para condenarle a muerte: “Nosotros le hemos oído decir: yo destruiré este santuario hecho por mano de hombre, y en tres días levantaré otro que no será hecho por manos humanas”. También Jesús se acercó con frecuencia al Templo para predicar: “enseñaba durante el día en el templo” (Lc 21,27). Bien está que nosotros, los cristianos, edifiquemos templos materiales para acercarnos a Dios, adorarle, darle culto, escucharle, hablarle, participar en la eucaristía… Pero sabemos, en primer lugar, que el verdadero Templo de Dios es Jesús, en quien “habita la plenitud de la divinidad”, a quien siempre tenemos a mano, estemos donde estemos. En segundo lugar,  todo en el cristianismo, incluida la acción litúrgica en nuestros templos, busca la edificación de los templos vivos, los templos del Espíritu Santo, que somos cada cristiano, y también la edificación de la comunidad de seguidores de Cristo, que es la iglesia.  Hay que darle lo suyo a cada uno de estos tres templos.

Para que los que entran tengan luz

Jesús emplea cosas de sentido común para aplicarlas después a “lo suyo”, a la proclamación del evangelio. Es de sentido común que nadie enciende un candil para ponerlo debajo de la cama, porque el candil, el portador de luz, está para alumbrar a los que entran en la casa. Pues eso mismo tenemos que hacer con la luz que es el evangelio. No la debemos guardar escondida, sino que la debemos hacer llegar a cuanta más gente mejor, para que no ande en tinieblas. Lo debemos hacer por dos caminos. Con nuestras palabras y con nuestras obras: “Así ha de lucir vuestra luz ante los hombres, para que, viendo vuestras buenas obras, glorifiquen a vuestro Padre, que está en los cielos”. Jesús nos regala su luz para que nosotros con ella iluminemos a nuestros hermanos. Siempre mejor la luz que la oscuridad.

F/ Dominicos.org

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