«No tengamos miedo de reconocer nuestros errores»

El Pontífice citó a continuación a san Agustín quien, al comentar este episodio, “compara al fariseo con un enfermo que, por vergüenza y orgullo, oculta sus llagas al médico”. En cambio, el publicano “con humildad y sabiduría, muestra al médico sus heridas, por muy feas que sean, y le pide ayuda”.

El Santo Padre invitó entonces a imitar la actitud del publicano:

Queridos hermanos y hermanas, hagamos lo mismo. No tengamos miedo de reconocer nuestros errores, de ponerlos al descubierto asumiendo nuestra responsabilidad y confiándolos a la misericordia de Dios. Así podrá crecer, en nosotros y a nuestro alrededor, su Reino, que no pertenece a los soberbios, sino a los humildes, y que se cultiva, en la oración y en la vida, a través de la honestidad, el perdón y la gratitud.

Al concluir su aloción, León XIV se dirigió a María, “modelo de santidad”, para que “nos ayude a crecer en estas virtudes”.

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