Arequipa bajo el lodo, el desastre que la ciudad vio venir y no evitó

Entre el 19 y el 25 de febrero de 2026, una sucesión de lluvias torrenciales activó simultáneamente las torrenteras Chullo, Los Incas, San Lázaro y Paucarpata, generando lahares desde los volcanes Misti y Chachani que sepultaron de lodo y piedras a distritos como Cayma, Yanahuara, Cerro Colorado, Sachaca y Alto Selva Alegre. El saldo, según cifras del Gobierno Regional de Arequipa difundidas por Infobae, fue de 1.299 viviendas inundadas, 44 inhabitables y cuatro personas fallecidas, además de 152 instituciones educativas afectadas y más de 5.566 metros de muros de contención destruidos solo en las torrenteras Chullo, Los Incas y Paucarpata. Otras fuentes locales elevaron el número de fallecidos hasta seis o siete, mientras los daños materiales se calcularon en más de 100 millones de soles, con tramos donde el cauce natural de la torrentera Chullo desapareció por completo.

El patrón se repite cada temporada de lluvias, pero esta vez la evidencia técnica desnudó la falta de prevención. Según una columna publicada en El Comercio, entre 2021 y 2023 la Autoridad Nacional del Agua financió un estudio de 23 volúmenes titulado «Protección de Arequipa ante el Peligro de Inundaciones» que identificó 40 puntos críticos y advirtió que para 2026 más de 180 mil personas estarían en riesgo; el Gobierno Regional, sin embargo, devolvió el documento sin ejecutarlo. A esto se suma que las propias torrenteras han sido progresivamente invadidas; en el caso de la Chullo, vecinos y autoridades reconocieron que el cauce se redujo de más de diez metros en la década de 1970 a apenas tres metros en algunos tramos hacia 2020, al punto que el alcalde de Yanahuara admitió que una obra de protección ejecutada entre 2022 y 2023 terminó estrechando el cauce de 5,5 a 3,5 metros, lo que habría agravado el desastre en lugar de prevenirlo.

El problema no es solo de diseño técnico, sino de ejecución presupuestal. De acuerdo con un análisis de Patricio Lewis, docente de la Universidad Católica San Pablo, en 2025 las municipalidades de la región Arequipa recibieron 35 millones 478 mil soles para prevención y atención de emergencias, de los cuales solo ejecutaron el 65%, dejando de invertir más de 12 millones de soles. Casos como el de Cerro Colorado, que en 2025 apenas contó con 5.470 soles para un muro de contención aún no ejecutado, o el de Paucarpata, que entre 2019 y 2023 no gastó ni un sol de los 7,8 millones de soles transferidos por la Autoridad para la Reconstrucción con Cambios, ilustran una desconexión persistente entre el dinero disponible y las obras de encauzamiento efectivamente construidas. El gerente municipal Pablo Salinas reconoció además que las intervenciones realizadas en la torrentera Chullo en 2020 bajo el Ministerio de Vivienda carecieron de disipadores de energía y muros de contención en puntos críticos, lo que terminó acelerando el agua en lugar de frenarla.

Especialistas coinciden en que el origen del problema es más estructural que climático. Un análisis publicado por la Universidad Católica San Pablo sostuvo que los desastres no son naturales, sino el resultado de una amenaza natural que interactúa con condiciones de vulnerabilidad creadas por las personas, y advirtió que la ciudad ha construido sobre torrenteras, invadido fajas marginales y reemplazado sistemas naturales de drenaje por superficies impermeables, según el Programa Hidrológico Intergubernamental de la Unesco. En la misma línea, el ingeniero Omar Noriega Ramírez planteó que la solución exige una secuencia de intervención que combine ampliación de secciones hidráulicas, sistemas técnicos de encauzamiento y programas de reubicación asistida para los asentamientos en mayor riesgo, advirtiendo que ignorar evidencia técnica ya documentada debería dejar de ser una prerrogativa política para convertirse en una responsabilidad legal de las autoridades. Mientras tanto, en zonas como Flora Tristán, Independencia y Villa Continental, las familias que perdieron sus viviendas por segunda o tercera vez en menos de una semana siguen esperando que el próximo año de lluvias no las encuentre, otra vez, sin protección.

Redacción Patty Mamani

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