Jueves 12 de Setiembre de 2019. 23ª Semana T.0.
Santísimo nombre de María.
Col 3,12-17: Por encima de todo, el amor. Salmo 150: Todo ser que alienta alabe al Señor. Lc 6,27-38: Sean compasivos como su Padre.
Lc 6, 27-38: Nos propone ir contracorriente. Nuestra sociedad, , es conflictiva, no dialoga, discrimina, insulta, denigra al oponente. Se vive un clima de inseguridad, resentimientos y odios contra personas y pueblos. La propuesta de Jesús es distinta. “Amen a sus enemigos, traten bien a los que los odian. Él nos enseña: “amar, bendecir, orar por los injustos y violentos” (Lc 6,27.31).
La paz y reconciliación nace del diálogo, la justicia y la compasión. Necesitamos, sanar el corazón enfermo de la sociedad y de las naciones con la fuerza del amor de Jesús. Él puede tocar el corazón más endurecido, en la familia, en la vida política, civil y eclesial sembrando amor.
Somos cristianos, seguidores de Jesús, convirtámonos en artesanos de la paz, identifiquémonos con Cristo, perdonémonos, dialoguemos buscando la reconciliación, incluyendo a todos, más allá de sus creencias, u opiniones para aceptarnos como personas, con un proyecto positivo. El perdón y la reconciliación nos descubren el amor profundo y misericordioso de Dios nuestro Padre, si queremos que el bien de todos, eliminemos los rencores y divisiones.
La lógica del mundo, no supera la práctica, “ojo por ojo, diente por diente”, “al enemigo hay que aniquilarlo”, o “los enemigos de mis enemigos son mis amigos”. En el Antiguo Testamento, el odio al enemigo era algo natural (Sal 34,1-8). Jesús sorprende a la humanidad con otra lógica: “amen a sus enemigos”. El Dios de Jesús es ante todo el Dios de la Misericordia. El cristiano debe, por tanto, adoptar en su práctica cotidiana el comportamiento misericordioso de Dios.
“Traten a los demás como quieren que ellos los traten a ustedes” (v.31) es la llamada “regla de oro de la caridad cristiana”. Debemos tener cuidado de no entenderla de manera mercantilista, reduciéndola a un simple negocio de reciprocidad. Hay que entenderla como un amor que no se contenta sólo con evitar el mal, sino que se compromete a hacer el bien a los demás, quienes quieran que ellos sean. Frente a los conflictos ensayemos una actitud misericordiosa, y nos sorprenderemos de su capacidad de desarmar a los enemigos y calmar su agresividad, con amor, respeto y ternura.
Fr. Héctor Herrera op.
