Lunes 02 de diciembre de 2019. A. 1ª Semana de Adviento

Bárbara, mártir (s. IV)

Is 4,2-6: El Mesías será la gloria de Israel. Salmo 121: Qué alegría cuando me dijeron: “¡Vamos a la casa del Señor!”. Mt 8,5-11: Vendrán muchos al Reino.

Is 4,2-6: Durante las dos primeras semanas de Adviento, la Iglesia nos propone la meditación de las «profecías de Isaias». Es uno de los grandes testigos de la esperanza mesiánica. Vivió ocho siglos antes de Jesús. Ha visto derrumbarse el Reino del Norte, Samaria, bajo los golpes de los Asirios, y siente venir la misma amenaza para el Reino del Sur. Dentro de este contexto histórico, de una catástrofe inminente, el profeta anuncia la esperanza de un Mesías que traerá la paz.

El «germen» que el Señor hará crecer será el honor y la gloria de los «supervivientes» de Israel. Y el «fruto de la tierra» será su honra y su corona. Él será el comienzo de un proceso de vida.

Mt. 8,5-11: Un centurión romano, un pagano tiene fe en Jesús. Le manda mensajeros que venga a curar a su criado. Jesús se pone en camino: “Yo iré a curarlo” (v. 7). El centurión se preocupa por el enfermo, como cualquier persona, cuando se ama a alguien. Le manda decir a Jesús: Basta que digas una palabra y mi criado quedará sano.

Jesús se admira de su fe, porque no ha encontrado fe en ningún israelita ¿Qué diría Jesús hoy de nosotros? Creemos en su Palabra de vida. Tenemos una fe profunda, que juntos, unidos como hermanos podemos cambiar en nuestra vida y el corazón de una sociedad paralizada por el miedo, el egoísmo. Jesús sana nuestras parálisis. Nos anima para que nos pongamos en camino. Creer en Él, nos lleva a actuar para dar vida a los demás. Es posible cambiar la sociedad en que vivimos, si tenemos la esperanza que Él ha venido para que amemos y defendamos la vida de toda persona.

¿Tenemos esa fe y esperanza viva en Jesús?

Fr. Héctor Herrera, o.p.

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