Martes 06 de abril de 2021. Octava de Pascua. Tercer día

Hechos 2,36-41: Convertíos y bautizaos todos en nombre de Jesucristo

Salmo 32: La misericordia del Señor llena la tierra.

Juan 20,11-18: He visto al Señor

La fuerza del Espíritu Santo hace que el Apóstol Pedro salga a las calles a anunciar el Evangelio, la Buena Nueva que ellos ya han experimentado: Han visto a Jesús triunfar sobre la muerte por eso proclama con todo su corazón que «…Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías» Muchos de los que le escuchaban serían testigos de lo que había ocurrido, verían con sus propios ojos la muerte en Cruz del Justo, pero el fervor de San Pedro les hace abrir los ojos y convertirse. Ese entusiasmo del que conoce a Cristo se transmite, hace que otros tengan el deseo de acercarse a Él. Y San Pedro deja muy claro a quien se dirige: la promesa del Señor es para todos, los actuales y los futuros, los de aquí y los de lejos. Desde el primer momento se está proclamando la universalidad de la Iglesia.

El mensaje de Jesús no es para unos pocos, es para todo el que se acerca con corazón limpio, sin distinción de ningún tipo. Los hombres somos de naturaleza recelosa, de encasillar, de querer pertenecer a un «selecto club» y de mirar por encima del hombro al que creemos distinto. A lo largo de las Escrituras veremos varias veces como se nos llama a la unidad, a la igualdad entre hermanos. Y así es: una sola Iglesia, un solo mensaje, un solo Señor, el Cristo, Jesús muerto y resucitado.

Hermanos, estamos en la Pascua y debemos estar alegres, gozosos. Pregonemos a los cuatro vientos nuestra alegría, la luz ha vencido a las tinieblas, hemos sido salvados y se nos han abierto las puertas del cielo. No nos guardemos este gozo para nosotros, vamos a compartirlo, invitemos a nuestros amigos a participar «de la mesa del Señor!

Fuente: Dominicos. org

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