Domingo 18 de enero del 2026 – Homilía II Domingo del tiempo ordinario – Año litúrgico 2025 – 2026 – (Ciclo A)
Primera lectura del libro de Isaías 49, 3. 5-6
Salmo 39, 2 y 4ab. 7-8a. 8b-9. 10 R/. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Segunda Lectura, Comienzo de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1, 1-3
Lectura del santo evangelio según san Juan 1, 29-34
En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó:
«Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: “Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo”. Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel».
Y Juan dio testimonio diciendo:
«He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él.
Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo:
“Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo”.
Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios»
Reflexión
San Juan nos invita con rotundidad a mirar y a seguir a Jesús, no buscando ni protagonismos ni falsas interpretaciones hacia su persona. ¿Y por qué esta insistencia, tan repetida en los cuatro evangelios, intentando evitar confusiones entre él y Jesús, entre su mensaje y el del Hijo de Dios?
La razón básica es que la figura de Juan tuvo en el cristianismo primitivo una gran importancia; su figura generó muchas adhesiones y bastantes de sus contemporáneos pensaron que él, con su estilo profético, penitencial, radical y coherente con su vida, era el Mesías.

