Jueves 14 de noviembre de 2019. C. 32ª Semana T.0.

Gertrudis (1302)

Sab 7,22–8,1: La Sabiduría es un espíritu santo. Salmo 118: Enséñame, Señor, tus leyes. Lc 17,20-25: El reino de Dios está presente.

Lc 17, 20-25: Los fariseos no aceptan que, en Jesús, el reino de Dios se inaugura. “La llegada del reino de Dios no está sujeta a cálculos; ni dirán míralo aquí, míralo allí. Pues está entre ustedes” (Lc. 17,20). Ellos tenían la idea de un Mesías, poderoso, que llegaría en forma espectacular. Para los nacionalistas que los liberaría del poder opresor.

El reino de Dios ha llegado y está actuando en Jesús de Nazaret. Dios actúa en una forma sencilla y concreta, quiere que cambiemos de vida y de actitudes. El reino Dios se dará plenamente cuando él mismo sufre la persecución, el rechazo, la muerte y la resurrección. Él triunfa frente a las tinieblas del egoísmo y de la muerte. Jesús está en medio de nosotros. Él nos indica: su reino es abrir nuestros corazones y nuestras mentes para hacerlo crecer en la comprensión, en la ternura, en la escucha entre esposos, sembrando con libertad y confianza la semilla de la fe en el corazón de los hijos. Cuando en el corazón de la sociedad: creamos el sentido de cuidarnos y protegernos los unos a los otros, respetando el sentido profundo de la vida y del respeto por el otro, cuidando el agua, los jardines, los parques, pensando que son pulmones de bienestar, cuidando el medio ambiente. Si dejamos el egoísmo y la indiferencia, pensamos en el pobre que sufre y hacemos algo por devolverle la alegría de vivir, dándole los medios necesarios para que trabaje y recupere su dignidad.

Si, somos conscientes de lo que le corresponde a cada uno, como su derecho para vivir con dignidad. Somos mensajeros de la paz: eliminando la violencia física, verbal, sicológica de nuestras vidas, en especial en nuestros hogares, en los centros de trabajo. Es allí donde estamos haciendo crecer el reino de Dios. El reino de Dios nace en nuestro interior cuando amamos a Dios y concretizamos su amor en los prójimos.

El reino de Dios lo construimos con Jesús, cuando tú y yo, nosotros cambiamos de corazón y de actitudes y trabajamos en serio para construir los cimientos del verdadero amor, respeto, justicia, paz, libertad, conciencia que sólo nos llamamos hermanos, si hacemos nuestras las alegrías, sufrimientos y esperanzas de las personas con quienes convivimos.

¿Meditamos en la presencia de Dios en nuestro diario vivir?

Fr. Héctor Herrera, o.p.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *