Martes 07 de enero de 2020. A. Después de Epifanía

Raimundo de Peñafort (1275)

1Jn 4,7-10: Dios es amor. Salmo 71: Que todos los pueblos te sirvan, Señor. Mc 6,34-44: Jesús se revela como profeta.

Mc. 6,34-44: Jesús sale al encuentro de las personas. Ve a las multitudes, de pobres, rechazados por el poder religioso y sintió compasión, porque eran como ovejas sin pastor (Mc 6,34). ¿Sentimos hoy como discípulos esa compasión de Jesús? ¿No sentamos como Él a enseñarles y descubrirles con la Palabra de vida su situación de hijas e hijos de un mismo Padre Dios?

Frente a la hambruna y el cansancio de la gente, Jesús busca soluciones concretas: “Denles ustedes de comer” (v.37). Se ponen a calcular como nosotros, de donde sacaremos el pan. Jesús les ordena recostarse en grupos sobre la hierba. Con un gesto de profunda gratitud y generosidad, que nace desde lo más profundo de su corazón. Toma los cinco panes y los dos pescados. Da gracias a su Padre autor de la vida y del pan de cada día, lo bendice y les da de comer. Es un signo de profunda comunión, del Hijo que se da y que nos enseña el camino a los discípulos: la presencia del reino de Dios es la unidad compartida que nos hace hermanos los unos de los otros. Recogen el pan para compartirlo con los que no lograron estar.

Bendecir, partir, dar y repartir, son gestos de lo que significa el banquete eucarístico, para hacer el gesto solidario y participativo que busca el justo reparto de los bienes para que exista una verdadera fraternidad. Jesús es el pan partido y compartido que une a la familia en torno a la mesa, conversando, alegrándonos que Jesús está donde hay signos de compasión y de cercanía al otro y a los otros.

En el signo del pan y del pescado, Jesús se manifiesta como el que da vida al hambriento, nutre nuestra vida de esperanza en el compartir, en la generosidad de dar, se da la comunión con el hermano. Es en la voluntad de los pueblos de compartir y distribuir mejor los alimentos, en el control de los gases de efecto invernadero, donde se va a procurar el agua para todos. El mensaje de Jesús es claro: al creyente se le conoce por el testimonio de vida. Por ser signos de acogida y de respeto para el hermano. Las comunidades religiosas y cristianas crecerán por el testimonio de vida, en saber escuchar, acompañar y dar la ternura de Dios a todas las personas, si hacemos lo que a él le agrada. “Quien cumple sus mandatos permanece con Dios y Dios con él. Y sabemos que permanece con nosotros por el Espíritu que nos ha dado” (1Jn 3,24)

¿Sabemos acoger al hermano, a, cuando viene a un movimiento juvenil o a una comunidad cristiana?

Fr. Héctor Herrera, o.p

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