Lunes 29 de marzo de 2021
LUNES SANTO
Is 42, 1-7: Sobre él he puesto mi espíritu
Salmo 26: El señor es mi luz y mi salvación
Jn 12, 1-11: María ungió los pies de Jesús
La semana que celebramos el misterio del sufrimiento redentor comienza por colocarnos a Jesús en un banquete, expresión jubilosa del Reino. Los amados de Jesús están allí y nada falta para que la dicha tan íntima como familiar sea completa. Sin embargo, en aquel cálido convivio se asoma la sombra de perder al Amado. San Juan apunta a la sepultura del Mesías y a la sentencia que pende sobre Lázaro, uno de sus amigos. Incluso en los momentos de dicha y brillo mayor, el dolor hace presencia sombría. Es como si debiéramos cobrar conciencia de que la dicha completa, total, solo se alcanza sin el temor a la separación mayor que supone la muerte. La conciencia de la muerte nos la trae el dolor y este lo traemos cosido a la carne; nuestro cuerpo es la advertencia constante de lo transitorio que somos, de que la separación de nuestros seres queridos es inevitable. Esta conciencia es ya dolor, porque ensombrece el amor. Hoy miremos nuestro cuerpo, unjámoslo, démosle cuidados, como un signo de que creemos en la resurrección.
F/ Editorial Claretiana

