Viernes 10 diciembre de 2021. 2da Semana de Adviento
Eulalia, mártir (304)
Is 48,17-19: ¡Si me hubieras atendido!
Salmo 1: El que te sigue, Señor, tendrá la luz de la vida
Mt 11,16-19: Éste es amigo de pecadores
En el camino del Adviento la figura de Juan Bautista es de suma importancia. La perícopa de hoy está enmarcada dentro del Evangelio de Mateo en la sección narrativa que comienza con el testimonio que Jesús mismo da sobre Juan: “¿a quién salisteis a ver en el desierto? ¿A un profeta? Sí, y más que profeta… No ha nacido de mujer uno más grande que Juan”.
Por eso la pregunta ¿A quién se parece esta generación?, resuena más fuerte si cabe, porque la generación de Jesús no admitió ni el testimonio de Juan (de radicalidad, conversión y penitencia), ni el de Jesús (de misericordia, confianza y gracia). Se convirtieron en unos niños caprichosos que no quisieron entrar en el juego ni de Juan ni de Jesús. Estaban ciegos y sin discernimiento alguno para descubrir el momento presente, para darse cuenta de la hora que vivían.
Esta pregunta se dirige hoy a nosotros ¿a quién nos parecemos nosotros? ¿Somos como esos niños caprichosos, quejumbrosos, que no quieren jugar ni a la penitencia ni a la gracia? ¿Somos como esas personas sin discernimiento que dejan escapar la “hora de Jesús”, la hora de la CONVERSIÓN, con la excusa de que siempre se están quejando de todo?
El Evangelio de hoy pretende sacudir un poco nuestras conciencias adormiladas, aburguesadas por el consumismo y la comodidad en la que vivimos, para hacernos salir de nosotros mismos e implicarnos en el proceso de la salvación.
Jesús es la Sabiduría que nos ha mostrado el camino, la luz que nos ha dado inteligencia para saber discernir, la vida que nos alimenta y nos da vida eterna. De nosotros depende quedarnos acomodados en nuestra zona de confort, señalando con el dedo a los que están en el terreno de juego dando la vida, criticando, juzgando y quejándonos. O por el contrario, saltar al terreno de juego, implicarnos, dar la vida, entregar lo que somos y tenemos por el Reino y por Jesucristo.
Es lo que tratamos de vivir en el Adviento, un tiempo de conversión, de entrar dentro de nosotros mismos y preguntarnos ¿soy un niño caprichoso que ni juego ni dejo jugar?
Oración: Señor, mira mi debilidad, mira que tantas veces me comporto como un niño caprichoso que quiere manejar la situación desde mi comodidad. Dame la gracia de abrir mi corazón al amor, tu Amor, para que ahora y siempre pueda recorrer el camino que conduce hacia Ti. Amén.
F/ Dominicos.org

