Francisco: “El Señor, el Maestro, el que habla me pide de beber»

El Santo Padre explicó, con esta imagen del abajamiento de Dios, que “en Jesús, Dios se hizo uno de nosotros; sediento como nosotros, sufre la misma sed que nosotros”. Por esta razón, al contemplar esta escena, cada uno de nosotros puede decir: el Señor, el Maestro, «me pide de beber».

“Por tanto, tiene sed como yo. Él tiene mi sed. Tú estás realmente cerca de mí, Señor. Estás unido a mi pobreza… Me has tomado desde abajo, desde lo más bajo de mí mismo, donde nadie puede alcanzarme”

El Papa dijo que la sed de Jesús “no es sólo física, sino que expresa lo más profundo de nuestra vida: es sobre todo sed de nuestro amor”. Y añadió que esta sed “aflorará en el momento culminante de la pasión, en la cruz; allí, antes de morir”, cuando Jesús dirá: «Tengo sed».

“Pero el Señor, que pide de beber, es el que da de beber: al encontrarse con la samaritana, le habla del agua viva del Espíritu Santo, y desde la cruz derrama sangre y agua de su costado traspasado”

“Jesús, sediento de amor, sacia nuestra sed con el amor. Y hace con nosotros como con la samaritana: se acerca a nosotros en nuestra vida cotidiana, comparte nuestra sed, nos promete el agua viva que hace brotar en nosotros la vida eterna”.

“Dame de beber es el grito de tantos hermanos y hermanas que carecen de agua para vivir, mientras seguimos contaminando y arruinando nuestra casa común; y también ella, agotada y reseca, ‘tiene sed’”

El Santo Padre afirmó que este Evangelio “nos ofrece a cada uno de nosotros el agua viva que puede convertirnos en fuente de refrigerio para los demás”.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *