La fe y la oración verdaderas abren la mente y el corazón, no los cierran
El Obispo de Roma nos pide que prestemos atención a todo esto, porque a veces nos puede suceder lo mismo también a nosotros, en nuestra vida de fe y en nuestra oración:
Puede suceder que en lugar de escuchar realmente lo que el Señor tiene que decirnos, busquemos en Él y en los demás solo una confirmación de lo que pensamos nosotros, de nuestras convenciones, de nuestros juicios, que son prejuicios.
Pero este modo de dirigirnos a Dios “no nos ayuda a encontrarlo de verdad, ni a abrirnos al don de su luz y de su gracia, para crecer en el bien, para hacer su voluntad y para superar los cierres y las dificultades”, observa.
La fe y la oración verdaderas abren la mente y el corazón, no los cierran.
Preguntémonos, entonces – concluye el Santo Padre – si en nuestras vidas somos capaces de escuchar a Dios y acoger su voz más allá de nuestros esquemas y venciendo también, con su ayuda, nuestros miedos.

