“La crisis actual amenaza seriamente los pacientes esfuerzos de la comunidad internacional, especialmente a través de la diplomacia multilateral, para fomentar la cooperación a la hora de abordar las graves injusticias y los acuciantes retos sociales, económicos y medioambientales a los que se enfrenta la familia humana”
Toda guerra es el “fracaso de la política y de la humanidad”. Y añadió que “la rendición no es de un país a otro, la rendición es la guerra misma. Es, en efecto, una derrota”. El Pontífice constató que “la enorme capacidad destructiva de los armamentos contemporáneos ha dejado, de hecho, obsoletos los criterios tradicionales sobre los límites de la guerra” y que, en muchos casos, “la distinción entre objetivos militares y civiles es cada vez más incoherente”.
“Nuestras conciencias no pueden dejar de conmoverse ante las escenas de muerte y destrucción que diariamente tenemos ante nuestros ojos. Necesitamos escuchar el grito de los pobres, de las viudas y los huérfanos de los que habla la Biblia, ver el abismo de maldad que se esconde en el corazón de la guerra, y decidirnos por todos los medios posibles a optar por la paz”