Sin arte no hay ciudadanía completa
Cuando se habla de formación ciudadana, solemos pensar en civismo, leyes, derechos y deberes. Sin embargo, rara vez se reconoce al arte, especialmente el local, como un pilar fundamental para construir ciudadanía. En un país como el Perú, con una diversidad cultural inmensa y una historia que data desde hace milenios; ignorar el arte que nace desde nuestras comunidades, barrios o regiones es también renunciar a una parte vital de nuestra identidad.
El arte local no es un adorno ni una simple manifestación estética. Es una forma de memoria, de protesta, de resistencia. En cada mural, obra de teatro, canción o poema escrito en el margen, hay una voz que busca ser escuchada. Formar ciudadanos sin contacto con estas expresiones es formar ciudadanos, por así decirlo, incompletos y desconectados de su contexto, de su historia.
Lamentablemente, en el sistema educativo formal, el arte sigue siendo una asignatura secundaria, postergada y mal financiada. Las escuelas rara vez invitan a artistas locales, y los planes de estudio aún privilegian modelos culturales eurocéntricos o centralistas. ¿Cuántos estudiantes en Arequipa conocen a sus poetas contemporáneos, a sus músicos o muralistas? ¿Cuántos jóvenes han visitado una galería o han participado en un taller artístico comunitario? Muy pocos tienen el “privilegio”.
El arte local tiene la capacidad única de conectar lo individual con lo colectivo. Enseña a mirar, a imaginar, a ponerse en el lugar del otro. Desarrolla la empatía, el pensamiento crítico y el sentido de pertenencia. En tiempos de polarización y desencanto político, ¿no son esas acaso cualidades fundamentales para la vida democrática?
También es una herramienta poderosa para la inclusión. Las comunidades que han sido históricamente silenciadas (pueblos indígenas, diversidades, trabajadores informales, mujeres rurales), encuentran en el arte un espacio legítimo para narrarse desde sí mismas. Situación que plantea que invisibilizar ese arte es también invisibilizar estos grupos muchas veces llamados minorías sociales.
Formar ciudadanía es mucho más que enseñar a votar, es cultivar sensibilidad, memoria y pensamiento. Y en ese camino, el arte local no solo debe tener un lugar, sino ser uno de los pilares centrales.
Redacción Julio Mamani

