Viernes 24 de octubre del 2025. Vigésimo novena semana del Tiempo Ordinario – Año Impar

San Antonio Mª. Claret

Primera lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 7, 18-24

Salmo 118,66.68.76.77.93.94 R/. Instrúyeme, Señor, en tus decretos

Lucas 12,54-59: ¿No sabéis juzgar vosotros mismos lo que es justo?

«¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?»

Escribiendo san Pablo a los Romanos transmite doctrina evangélica que tenía muy arraigada y, desde luego sin perder de consideración a sus destinatarios, con los que se sentía deudor por su misión. En el capítulo 7 se abre de buena gana para darles a entender que el hombre en su conjunto está llamado a la salvación.

Es verdad que una consideración teórica puede hacerse desde el «hombre interior», es decir, depositario de la parte racional y, otra, a partir del «hombre exterior», o la parte sensitiva con capacidad para percibir por los sentidos. Aunque la persona forma un todo y existe una unidad en el obrar y, claro está, en la responsabilidad subsiguiente a las obras.

Escribía san Pablo a los fieles de Roma que experimentaba en sí mismo dos fuerzas antagónicas o rivales: sentía la fuerza hacia mal que anidaba en su parte sensitiva y, por el contrario, su parte racional tiraba en dirección al bien. Su lucha consistía en no dar cabida al pecado que habitaba en él y, a vez, dar rienda suelta a sus aspiraciones anímicas que tendían en dirección a Dios. Obraba lo malo que no deseaba, pero su inteligencia y voluntad estaban en el bien.

Es este un punto a aclarar. Aún después del bautismo, que nos perdona el pecado y otorga la gracia, la vida de Dios, permanece el «fomes peccati», en otras palabras, la inclinación al mal que, ciertamente, no es pecado. La lucha consiguiente procurando en nosotros el vencimiento del bien es fuente de mérito. El mensaje paulino es el siguiente: del pecado nos ha liberado Cristo y de la inclinación al mal seremos igualmente liberados por él, pero cuando termine la lucha de esta vida en la que nos toca poner una parte.

«¿Cómo no sabéis interpretar el tiempo presente?»

Jesús quiere a sus seguidores con madurez para desenvolverse por la vida. Esto supone atención y requiere un cuidado de lo fundamental. A la luz del presente Evangelio se dirige a la conducta justa para con los demás.

Puede recordarse que en la Biblia y, más concretamente en el Nuevo Testamento, a la palabra se le da un sentido muy amplio, desde luego a la conexión con Dios que llamamos «religión». Pero vayamos a la justicia para con los demás que consiste en dar a cada uno lo suyo.

No cometió injusticia el dueño de la viña que pagó a todos los que trabajaron a lo largo del día el jornal ajustado (Mt 20, 13); sí eran injustos los fariseos que descuidaban obrar justamente, aunque pagaban el diezmo del comino (Mt 23, 23); recibirán castigo los agentes de la injusticia (Lc 13, 28).

F/ Dominicos.org

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