El hambre que se organiza en la olla, mientras la ayuda se pierde en el papeleo

En Cerro Colorado, el humo de una olla sube todos los mediodías desde un patio improvisado con calaminas y mesas de plástico. Ahí, decenas de mujeres se organizan por turnos para que más de 50 personas tengan algo caliente que llevarse a la boca, aunque en la despensa solo quede lo mínimo. La olla común 54, una de las 89 que actualmente funcionan en la provincia de Arequipa y que, hasta finales de junio de 2026, seguían sin recibir sus canastas alimentarias por retrasos administrativos que se arrastran desde inicios de año evidencian una carencia visible. Su presidente, Abel Capira, lo resume con una frase que ya se volvió costumbre repetir «estamos pasando dificultades, no nos han distribuido los alimentos. Esto afecta a muchas ollias de Arequipa».

La cifra de 89 organizaciones activas concentradas sobre todo en Yura, Alto Selva Alegre, Cerro Colorado, Cayma, Characato, Miraflores y Mariano Melgar, y que en conjunto atienden a más de seis mil socias contrasta con la lentitud de la respuesta oficial. El propio gerente de Desarrollo Social de la Municipalidad Provincial de Arequipa, Franco Navarro, admitió el 25 de junio de 2026 que la compra de alimentos debió ejecutarse desde enero, pero se paralizó por problemas administrativos heredados de la gestión anterior. Tres días después, el mismo funcionario reconoció un segundo frente de abandono; las 89 ollas tampoco habían recibido la implementación oficial prometida por el Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social (Midis), entre ollas, menaje, utensilios básicos, pese a que la entidad ya contaba con presupuesto disponible para ejecutarla. El equipamiento, según explicó Navarro, seguía «en etapa de planificación».

El problema no es solo de plazos, sino de continuidad institucional. A inicios de julio de 2026, la reorganización derivada de licencias de regidores y el ascenso de una nueva alcaldesa volvió a golpear al programa, y es que la comisión de Desarrollo Social del Concejo Provincial recién empezaba a recibir la documentación del caso, mientras las 89 ollas seguían esperando las canastas comprometidas desde enero. Es la misma inestabilidad que denunciaba, meses antes, la coordinadora de las ollas, Abel Capira, cuando explicó que integrarse al Programa de Complementación Alimentaria (PCA) que debía asegurarles alimentación estable a cargo del Midis y la Municipalidad, la cual terminó jugándoles en contra, pese a que tramitaron todos los documentos a inicios de año, recién en mayo recibieron sus primeros productos. Mientras tanto, la falta de arroz y otros insumos obligó a reducir los menús a «lo más básico», y muchas dirigentes salen a los mercados a pedir donaciones de verduras para completar lo que el Estado no entrega.

Detrás de cada olla hay una demanda que se repite con distintas voces pero el mismo fondo, y es la infraestructura propia, entrega puntual de canastas, gas doméstico, y un subsidio estatal de 340 soles cada dos meses que las propias dirigentes califican de insuficiente frente al costo real de alimentar a decenas de familias. En Arequipa son más de cuatro mil las personas en situación de vulnerabilidad que dependen de estos comedores comunitarios para su alimentación diaria, según cifras difundidas por la prensa local. La paradoja es evidente, mientras el Midis certifica que existe presupuesto disponible y la municipalidad anuncia compras de menaje para fortalecer a las ollas, las mujeres que cocinan todos los días para su comunidad siguen resolviendo con lo mínimo, sosteniendo con autogestión lo que las instituciones prometen resolver desde enero y, medio año después, todavía no llega.

Redacción Patty Mamani

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