Jueves 12 de noviembre de 2020. Semana 32 T.0.

Josafat, mártir (1623)

Flm 7-20 Recíbelo como hermano en Cristo

Salmo 145:

Lc 17, 20-25: El reino está entre ustedes

Los fariseos no reconocieron en Jesús que el reino de Dios había llegado. “La llegada del reino de Dios no está sujeta a cálculos; ni dirán míralo aquí, míralo allí. Pues está entre ustedes”(Lc. 17,20). Ellos tenían la idea de un Mesías, un enviado por Dios, poderoso, que llegaría en forma espectacular. Para los nacionalistas que los liberaría del poder opresor.

No comprendieron que el reino de Dios ha llegado y está actuando en Jesús de Nazaret. Dios actúa en una forma sencilla y concreta, que nos exige un cambio de vida y de actitudes. Pero la venida del reino Dios se dará plenamente cuando él mismo sufre la persecución, el rechazo, la muerte y la resurrección. Porque triunfa frente a las tinieblas del egoísmo y del rechazo. Jesús está en medio de nosotros. Él nos indica que su reino es abrir nuestros corazones y nuestras mentes para hacerlo crecer en la comprensión, en la ternura, en la escucha entre esposos, en saber sembrar con libertad y confianza la semilla en el corazón de los hijos, para saber acoger a Jesús. Cuando en el corazón de la sociedad: creamos el sentido de cuidarnos y protegernos los unos a los otros, cuando se respeta el sentido profundo de la vida y del respeto por el otro, cuando se cuidan los jardines, los parques, pensando que son pulmones de bienestar, cuando cuidamos el medio ambiente. Cuando se piensa en el pobre que sufre y hacemos algo por devolverle la alegría de vivir, dándole los medios necesarios para que trabaje y recupere su dignidad. Cuando somos conscientes de lo que le corresponde a cada uno, como su derecho para que viva con dignidad. Cuando somos mensajeros de la paz: eliminando la violencia física, verbal, sicológica de nuestras vidas, en especial en nuestros hogares, en los centros de trabajo. Es allí donde estamos haciendo crecer el reino de Dios. El reino de Dios nace en nuestro interior cuando amamos a Dios y concretizamos su amor en los prójimos.

El reino de Dios lo construimos con Jesús, cuando tú y yo, nosotros cambiamos de corazón y de actitudes y trabajamos en serio para construir los cimientos del verdadero amor, respeto, justicia, paz, libertad, conciencia que sólo nos llamamos hermanos, si hacemos nuestras las alegrías, sufrimientos y esperanzas de las personas de nuestro tiempo.

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