Miércoles 30 de marzo de 2022 de la Cuarta semana de Cuaresma

Lectura del libro de Isaías 49,8-15

Salmo 144: R. El Señor es clemente y misericordioso.

Lectura del santo evangelio según san Juan 5, 17-30

El evangelista Juan nos presenta muchas veces a Jesús discutiendo con “los judíos», también en este pasaje de su evangelio, del que podemos sacar algunas de sus sabrosas enseñanzas. Jesús nos indica cuál es su relación con Dios, es la de ser su Hijo. Algo que a los judíos les quedó claro y les sonó a una auténtica blasfemia. ¿Cómo Jesús, un hombre como ellos, se atrevía a proclamarse como Hijo de Dios? Y querían matare por ello.

Pero Jesús no se desdijo y les fue explicando las consecuencias de la verdad que les acababa de indicar. La primera es que el Padre y él actúan al unísono, por eso, quien honra al Hijo honra al Padre y el poder del Padre es el poder del Hijo. Si el Padre tiene poder de resucitar a los muertos ese mismo poder tiene su Hijo. También nos indica  que el Padre ha delegado en el Hijo el poder de juzgarnos, le ha confiado “el juicio de todos”. Esa es nuestra gran suerte. Quien nos va a juzgar al final de nuestra vida no es un juez humano, por justo que sea, sino Jesús, el Hijo de Dios, en el que sobresale ante todo por su amor hacia nosotros, el que nos espera no solo al final de nuestra vida, sino que junto con el Padre, cada día de nuestra vida, viene en nuestra ayuda y nos ofrece su amor y su luz: “Mi Padre sigue actuando y yo también actúo”.

F/DOMINICOS.ORG

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