No se ceda a la insidia de la corrupción
La fidelidad y la honestidad caracterizan a quienes trabajan para la Santa Sede y el Estado de la Ciudad del Vaticano, sin embargo «la lisonja de la corrupción es tan peligrosa que es necesario estar muy vigilantes». Esta es la petición que Francisco dirige a los miembros de la Oficina del Auditor General, recibidos hoy en audiencia y a quienes entregó su discurso, invitándoles a la transparencia y a no ceder «a la insidia de la corrupción».
Sé que ustedes dedican a ello una gran atención, con un trabajo cuyos frutos se gestionan al mismo tiempo con firmeza y con misericordiosa discreción, porque, sin perjuicio de la necesidad de absoluta transparencia en cada acción, los escándalos sirven más para llenar las páginas de los periódicos que para corregir en profundidad los comportamientos. Los invito, además, a ayudar a los responsables de la administración de los bienes de la Santa Sede a crear las garantías que puedan impedir, «aguas arriba», que se materialice la insidia misma de la corrupción.
Es importante que el espíritu de corrección fraterna los guíe siempre, incluso cuando sea necesario señalar prácticas contables y administrativas que no se ajusten a las normas y situaciones a corregir. La Palabra de Dios nos enseña que «el Señor corrige a los que ama, como un padre corrige a su hijo predilecto» (Pr 3,12). Recordemos estas palabras que acompañan a la corrección: amor y paternidad, siempre, sin ceder a la tentación del protagonismo fácil.
Francisco se refiere después al espíritu sinodal, para subrayar la importancia de la colaboración entre los Dicasterios de la Curia, «especialmente con los organismos económicos», evitando «competiciones que pueden convertirse fácilmente en rivalidad, incluso a nivel personal».

