«Paz a vosotros». Jueves 09 de abril del 2026 – Semana de la Octava de Pascua

Primera Lectura de los Hechos de los apóstoles 3, 11-26
Salmo 8, 2a y 5. 6-7. 8-9 R/. ¡Señor, Dios nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!

 

Lectura del santo evangelio según san Lucas 24, 35-48

En aquel tiempo, los discípulos de Jesús contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Estaban hablando de estas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dice:

«Paz a vosotros».

 

Pero ellos, aterrorizados y llenos de miedo, creían ver un espíritu.

Y él les dijo:

«¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un espíritu no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo».

 

Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Pero como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo:

«¿Tenéis ahí algo de comer?».

 

Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos.

Y les dijo:

«Esto es lo que os dije mientras estaba con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo escrito en la Ley de Moisés y en los Profetas y Salmos acerca de mí».

 

Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras.

Y les dijo:

«Así está escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto».

 

Reflexión

Esto es muy importante ya que, nos reafirma la veracidad de las promesas de Dios, Él cumple su Palabra: “El Mesías padecerá y resucitará entre los muertos al tercer día” y, apoyados en esta promesa confiamos en que también a nosotros nos resucitará, que nuestra muerte, y la de los que amamos, es el comienzo a la Vida Eterna.

Además, esta verdad nos ayuda a comprender que somos total y absolutamente templos de Dios, que nuestra realidad corporal no es ajena al plan del Señor y, por tanto, deberíamos considerarla como tal.

Tenemos pues, un cuerpo y un alma pensados, amados y creados por Dios, y experimentar en nuestro cuerpo las huellas de la pasión y que ellas no nos aplasten, se transforma en un signo de que la fuerza que hemos recibido en el Bautismo con la efusión copiosa del Espíritu Santo es sobrenatural.

Pues bien, te podría ocurrir que todavía estas “con las puertas cerradas” por las heridas del pasado, o sigues discutiendo sobre si la resurrección fue solo una experiencia de sublimación psicológica, o que, como es un tema tan complicado, mejor pasar de él; pero Cristo Resucitado, Jesucristo el Señor, quiere manifestarse hoy en tu vida.

Se presentará con sus llagas benditas, porque en esas heridas, las tuyas serán sanadas; por esas heridas, tus pecados son perdonados; con esas heridas, llegaremos un día al cielo con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo y todos los que nos han precedido en la fe.

En este HOY, deja entrar a Cristo y oye su Palabra: “PAZ A VOSOTROS. PAZ A TI. CREE. SÉ MI TESTIGO”.

F/ Dominicos.org

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