Miércoles 3 de junio del 2026. Novena semana del Tiempo Ordinario – Año Par
Primera lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 1, 1-3. 6-12
Salmo 122, 1b-2b. 2cdefg R/. A ti, Señor, levanto mis ojos.
Marcos 12, 18-27: “No es Dios de muertos, sino de vivos”
El evangelio de hoy termina con un reproche de Jesús a los saduceos que le habían consultado sobre la ley deuteronómica (25, 5-10) del levirato. Con ella se pretendía asegurar la continuidad de un linaje y la herencia de sus bienes, y a la vez garantizar la protección de la viuda que había quedado sin hijos.
Los saduceos, que no creían en la resurrección, tratan de meter a Jesús en la casuística jurídico y cultural de la vida matrimonial cuando los cónyuges afectados “vuelvan a la vida”.
Pero Jesús no se deja atrapar: su respuesta pone en valor una convicción fundamental suya y del Nuevo Testamento: la resurrección de los muertos.
La equivocación de los saduceos consistía en una reducción antropológica al aquí y el ahora de la aventura humana, porque su lectura del Antiguo Testamento era parcial, y porque prescindían del poder de Dios sobre la vida de los hombres y mujeres.
También hoy muchos de nuestros contemporáneos se equivocan porque interpretan la resurrección como el estricto progreso dentro de los límites de la historia, o porque entienden la trascendencia como pura alegoría de un futuro alcanzable por las solas fuerzas humanas, o se conforman con un acercamiento filosófico que confunda la resurrección con la inmortalidad del alma.
Se ha dicho que la Escritura no contiene sólo lo que el hombre dice de Dios, sino lo que Dios dice del hombre. Y lo que dice es que no hemos sido creados para morir, sino para vivir para siempre. Renovando nuestra fe “en la resurrección de la carne” agradecemos al Padre la resurrección de Jesús, que adelanta la nuestra.
¿Qué sentimientos humanos y qué actitudes religiosas desarrolla en nosotros la fe en la resurrección? ¿Te ayuda el recuerdo de la vida de Jesús para esperar con confianza la resurrección y, al mismo tiempo amar este mundo que Dios nos regala cada día?
F/Dominicos.org

