Sábado 23 de mayo del 2026. Séptima Semana de Pascua
Primera lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 28, 16-20. 30-31
Salmo 10, 4. 5 y 7 R/. Los buenos verán tu rostro, Señor
Juan 21, 20-25: El testimonio de Juan
El Evangelio relata un diálogo entre Jesús, Pedro y el Discípulo Amado, enfatizando la obediencia personal a la voluntad de Cristo y el propósito del Evangelio: fomentar la fe en Jesús como Mesías e Hijo de Dios para tener vida en su nombre (Jn 20,30-312).
«Tú sígueme» (Jn 21,20-23): Pedro, recién investido como pastor («Apacienta mis ovejas», v. 17), pregunta por el Discípulo Amado: «Señor, ¿y este, qué?» Jesús responde con autoridad: «Si quiero que se quede hasta que venga, ¿qué te importa? Tú sígueme» (dos veces le dice ese «tú sígueme»).
Este intercambio subraya la primacía de la vocación individual: Pedro debe enfocarse en su misión apostólica sin inmiscuirse en la de otros. Surge un rumor erróneo sobre la muerte del Discípulo Amado (v. 23), que el evangelista corrige, mostrando la fidelidad del testimonio ocular. El Discípulo Amado destaca por su cercanía íntima a Jesús (Jn 13,23; 20,2; 21,), «el que vio y creyó» ante el sepulcro vacío (Jn 20,83), modelo de fe contemplativa frente al ardor activo de Pedro.
Testimonio del Evangelio Jn 21,24-25: «Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas y las ha escrito» v. 24 Juan ha recopilado estos hechos con un fin preciso: «para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre». Esto conecta con la fe nacida del encuentro personal con el Resucitado, más allá de lo escrito.
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