Lunes 15 de marzo de 2021. IV Semana. Ciclo B, Tiempo de Cuaresma
San Clemente María Hofbauer
Isaías 65,17-21: Ya no se oirán gemidos ni llantos
Salmo 29: Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.
Juan 4,43-54: Anda, tu hijo está curado
El evangelio de hoy nos relata el segundo signo de Jesús en el evangelio de Juan, que al igual que el primero, tiene lugar en Caná.
El evangelista señala que Jesús sale de Samaría hacia Galilea, va de regreso a su patria, de vuelta desde Jerusalén dónde dos sucesos importantes, que tienen que ver con este signo, han sido narrados por el autor. La entrevista de Jesús con Nicodemo en Jerusalén ha tenido como tema central la vida (el nacer de nuevo a una vida vida); y en Samaria una nueva conversación, en esta ocasión con una mujer, que habla del agua de la vida.
A pesar de que Juan nos recuerda el dicho de Jesús, que ningún profeta es bien acogido en su tierra, nos dice que en esta ocasión Jesús es bien recibido por los galileos que recuerdan lo que han visto que ha hecho el Maestro durante la fiesta de la Pascua.
El signo tiene lugar en Caná, donde había convertido el agua en vino, allí estaba Jesús cuando un funcionario real, que vivía en Cafarnaúm y cuyo hijo estaba enfermo, se pone en camino, sale de su casa, para buscar y rogar por su hijo a punto de morir. Salir del dolor para acudir al que puede dar la vida. Aunque en ocasiones nos deslumbren más los grandes signos o necesitemos palpar, ver, antes de creer. A la petición del funcionario Jesús le responde con el gran regalo de la vida: “tu hijo vive” y el texto dice que el hombre creyó en las palabras de Jesús. La fe es precisamente lo que nos hace ponernos en camino. El funcionario quería algo de Jesús porque probablemente había oído hablar de lo que había hecho; ahora regresa a su casa como un creyente, la palabra del Señor le ha transformado y también va a cambiar su propia existencia y la de su hijo. Son sus sirvientes los encargados de darle la noticia: tu hijo vive. De nuevo la vida sale al camino, en una hora concreta en la que la palabra de Jesús se cumple. El Señor transforma el tiempo para cada ser humano en acontecimiento creyente, en tiempo vital. Nuestro tic tac cronológico se transforma en un latido existencial, teológico, en el instante de Dios.
La hora coincide con la palabra, con la vida, con la fe. Y es esa fe la que despierta, abre los ojos al funcionario y a toda su familia. En el tiempo de pandemia dónde a veces sentimos que algo nos “ha robado” la vida cotidiana, o tantos han sufrido la despedida de muchos, Jesús nos recuerda el signo de la vida, esa vida que brota de la fe, fe que implica un nacer de nuevo para poder decir que ya no tenemos sed, porque él nos ha dado el agua de la vida. No la dejemos perder ¿Crees que tu fe es fuente de vida para ti y para todos los que formamos la comunidad humana? ¿Qué “tierra nueva” nos espera?

