De la pandemia surge una responsabilidad a levantarse para toda la humanidad

Responsabilidad, valores y conciencia. En tiempos de pandemia, las llamadas de la Laudato si’ del Papa Francisco sobre el cuidado de la casa común vuelven con más fuerza, incluso ante un «inmenso crecimiento tecnológico» que a lo largo de los años «no ha ido acompañado de un desarrollo del ser humano» y de la comprensión para » utilizar el poder con acierto» (105). Para reflexionar sobre esta cuestión está la Fundación Centesimus Annus pro Pontifice, entidad vaticana creada por un quirógrafo de San Juan Pablo II en 1993 y comprometida con el estudio, la comprensión y la aplicación de los principios de la doctrina social de la Iglesia en todos los contextos del mundo contemporáneo, especialmente en los sectores de la economía y de la finanza.

Ambiente y persona humana

Desde hace tiempo, la Fundación, presidida por Anna Maria Tarantola, lleva a cabo la iniciativa “One to many”, con la que pretende dar a conocer cómo las realidades empresariales, académicas, educativas, políticas y del tercer sector están dando aplicación concreta a los principios enunciados en la encíclica del Papa publicada en 2015. Esto también se debatirá en la conferencia internacional 2021 organizada por Centesimus Annus, prevista para el próximo mes de octubre y dedicada a los temas de la solidaridad, la cooperación y la responsabilidad como bases para construir un mundo más inclusivo. Ya se han celebrado reuniones con Enel, Eni y Snam, también dedicadas al desarrollo tecnológico a la luz de la sostenibilidad medioambiental y la transición energética.

«La pandemia ha puesto de manifiesto cuáles son los límites de la tecnología y su relación con el ser humano», observa Eutimio Tiliacos, secretario general de la Centesimus Annus pro Pontifice, en una conversación con Vatican News. La tecnología, explica, «plantea problemas muy fuertes de carácter ético y de relación con la ética: están bien enunciados en la Laudato si’ y se recogen de manera igualmente fuerte en la Fratelli tutti«. «En particular, el tema central que une a estas dos encíclicas es el de la responsabilidad humana con respecto al uso de la tecnología, al uso de algo que por un lado aporta beneficios y, por otro, puede causar problemas, en la medida en que estamos alterando no sólo el medio ambiente, sino en casos extremos incluso a la propia persona humana, interviniendo sobre ella».

Responsabilidad por nosotros y los demás

En particular, la Fundación relee la Laudato si’ no «sólo» desde un punto de vista «verde», sino como «una encíclica social». «El Santo Padre reiteró de forma muy contundente que no hay sólo una crisis ambiental o sólo una crisis social: son –recuerda Tiliacos – dos caras de un mismo problema. Para ello, está claro que es necesario intervenir sobre la personalidad, sobre la mente, sobre el espíritu de cada persona y, en particular, de aquellos que tienen mayor responsabilidad en la conducción de los negocios, tanto bajo el perfil político como bajo el perfil económico a nivel mundial, a nivel nacional pero también a nivel más estrictamente local».

La vía es la de adoptar un «método que, al responsabilizar al individuo de poder intervenir hacia atrás sobre lo que es imperfecto y lo que se ha hecho de modo equivocado en el pasado, lleva a asumir la responsabilidad no sólo de lo que el individuo puede hacer o está haciendo en el presente sino de lo que se ha hecho en el pasado», añade el dirigente. Un método, es decir, «que no debe limitarse a constatar los efectos de lo que uno hace en lo inmediato, en contacto con las personas con las que se relaciona y, por tanto, referido a situaciones concretas, sino que – según nos exhorta el Santo Padre – debe basarse en una visión más amplia de la responsabilidad hacia el mundo entero, de la humanidad en general, también de los que no vemos y nunca veremos porque son personas que viven en diferentes partes del mundo, con las que nunca entraremos en contacto, pero que sufren los efectos de lo que hacemos, igual que nosotros sufrimos los efectos de lo que hacen los demás».

Desde este punto de vista, explica Tiliacos, «el tema de la sostenibilidad es un tema que nos remite a la relación entre el individuo y los terceros, donde los terceros no son nuestra mujer o nuestros hijos o nuestros colegas, sino toda la humanidad». «No hay fronteras ni barreras políticas o sociales que permitan aislarnos», recuerda Francisco en la Encíclica, «y por eso mismo no hay espacio para la globalización de la indiferencia» (52).

Una caída de la que hay que levantarse

Esta perspectiva también da un nuevo impulso para hacer frente a la emergencia del coronavirus en curso, para lo cual la Fundación se ha movilizado para estimular formas concretas de caridad. El Pontífice las había mencionado en la carta enviada a la presidenta Tarantola el año pasado, agradeciéndole «su voluntad de responder activamente a la pandemia buscando apoyar, acompañar y estimular proyectos que ayuden a contrarrestar» la crisis sanitaria de Covid-19.

En la Misa de Pentecostés de 2020, el Papa Francisco también había subrayado que «peor que esta crisis» era sólo «el drama de desperdiciarla». En la Laudato si’, señala Paolo Garonna, profesor ordinario de Economía Política en la Universidad Luiss Guido Carli y miembro del comité científico de la Fundación Centesimus Annus, «encontramos la idea de que en la naturaleza y en los procesos naturales y humanos de producción y distribución de la riqueza todo es necesario, todo tiene un sentido: es un poco una visión providencial, incluso escatológica, de los procesos económicos y sociales que nos invita, por tanto, a rechazar la economía del derroche y a rechazar la economía que, de alguna manera, sólo mira quién es fuerte y quién prevalece.» «Sirve, por tanto, también el fracaso, sirve la caída de la que hay que levantarse de nuevo, sirven las crisis de las que hay que aprender para intentar aprovechar todas las oportunidades», añade Garonna. «Esta crisis nos llevará sin duda nuevos modos de producción, nuevos modos de organización social, nuevos modos de convivencia. Se necesitará un liderazgo fuerte. Y exigirá, sobre todo, que se refuercen los fundamentos éticos de nuestros procesos de convivencia social, económica y política, sin los cuales no podremos orientar y gobernar el futuro», con el riesgo de quedar «desbordados por la incertidumbre».

F/Vaticannews.va

 

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