Martes 25 de enero 2022 de la 3ª semana de Tiempo Ordinario.
La Conversión de San Pablo, apóstol.
Hechos de los apóstoles 22, 3-16: Levántate, recibe el bautismo y lava tus pecados invocando el nombre de Jesús.
Salmo 116: Id al mundo entero y proclamad el Evangelio.
Cf, Jn 15, 16: Yo os he elegido del mundo – dice el Señor, para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca.
Marcos 16, 15-18: Id al mundo entero y proclamad el Evangelio.
El final del Evangelio de Marcos parece inconcluso, sin narrar ninguna aparición del Resucitado, a pesar de que el evangelista conoce por la tradición que Jesús se apareció a Pedro y a los discípulos, y que fueron ellos quienes anunciaron el testimonio de la fe. En consecuencia, el Evangelio de hoy nos sitúa en el apéndice de la catequesis de Marcos o en el también llamado final largo, no escrito por el evangelista, pero aceptado por la Iglesia como texto inspirado y canónico. El relato narra la aparición de Jesús a los Once y el mandato misionero (que también aparece en el Evangelio de Mateo, Lucas y Juan).
El envío a la misión es claro, preciso y capaz de mover a unos discípulos temerosos ante la pérdida del Maestro, y convertirlos en testigos fieles del Evangelio en medio de muchas dificultades y persecuciones. Id al mundo entero y proclamad la buena noticia del Reino es todo un proyecto por el que uno puede empeñar su vida. Traducido al hoy de nuestra existencia es una invitación a salir de nosotros mismos, a mirar más allá de nuestro centro, abrir las puertas y ventanas a la nueva brisa que trae el plan de Jesús, una estrategia novedosa, radical y llena de vida para la casa común que es la humanidad.
Con el imperativo proclamad, el mismo Jesús nos urge a seguir anunciando y predicando que la buena noticia de Dios continua en el devenir de nuestra historia, que se trata de un anuncio de salvación y esperanza capaz de sanar todo dolor y sufrimiento. Quien crea, quién llegue a la fe, quienes se sientan comprometidos en sus búsquedas, como le sucedió a Pablo, serán capaces de desterrar el pecado de su vida, de acercarse a todo ser humano de cualquier raza o nación, sin sentirse frenados por las barreras de la incomprensión. El que sea bautizado experimentará la gracia de una vida nueva en Cristo. La fe en Jesús Resucitado es capaz de transformar la realidad de todo creyente, de dinamizar nuestra existencia hacia un horizonte cargado de sentido, en definitiva, es dejar de perseguir a Aquel que ya nos ha alcanzado.
F/ Dominicos.org

