Lunes 19 de febrero 2024. Primera Semana de Cuaresma
Beato Álvaro de Córdoba
Primera lectura del libro del Levítico 19, 1-2. 11-18
Salmo 18, 8. 9. 10. 15 R/. Tus palabras, Señor, son espíritu y vida
Mateo 25, 31-46: Me lo hicieron a mí
Ni odiar, ni aborrecer, ni injuriar, ni explotar, ni darse a la corrupción, ni vengarse… son los mandamientos que resume en la liturgia de hoy el Libro del Levítico. Podríamos señalarlos todos, pero eso sólo nos llevará a contemplar los mandamientos como si fuera una lista de buenos propósitos. Y lo cierto es que no se trata sólo de eso.
El libro del Levítico es un libro del Pentateuco, con un cuerpo normativo para el pueblo de Israel que nos orienta a cómo proceder en la vida respecto a los hermanos, miembros del mismo pueblo.
Si observamos las normas a las que se refiere la primera lectura de hoy, cada frase está precedida por un “No”. Esa palabra tan difícil de pronunciar en la educación de nuestros hijos, donde parece que todo está permitido. Si observamos también cada verbo que acompaña al “No” señalado, vemos cómo la acción de ese verbo tiene también un valor negativo.
¿Cómo podríamos contemplar la acción de vivir, si en lugar de restricciones, encontráramos preceptos positivos? Amar, restablecer la dignidad, bendecir, tratar de manera digna, obrar con rectitud… Estimo que nuestro espíritu estaría más dispuesto a obrar de manera más acorde a los preceptos establecidos.
En el Evangelio de Mateo, resuena de una manera especial esa llamada que Jesús, como juez de la historia, realiza para darnos unas pautas que son vitales para nuestro vivir: Venid, benditos de mi Padre… por llenaros de humanidad, por paliar el hambre, la sed, la soledad, la enfermedad haciendo presente el cuidado de Dios. Venid, por haberme curado, alimentado, calmado en mi sed, acompañado en mi soledad, ofrecido una palabra de aliento y de liberación en mi cautiverio…
Jesús pone en el centro de estas acciones de bondad al pobre y al indigente. No son criterios que parten del valor negativo de las acciones, sino que parten del valor bondadoso de las mismas. La bondad no es sólo una buena acción. La bondad parte de un corazón amante y comprometido con la realidad humana, con la cruda precariedad en la que nos vemos envueltos.
Mirar con los ojos de Dios la realidad de la vida, y ser capaces de encontrar en nosotros impulsos capaces de mostrar la bondad y la misericordia de Dios, ya es un gran paso para un testimonio veraz de su presencia; porque todas estas acciones comprometidas con la bondad nos hablan directamente al corazón: Conmigo lo hicisteis. Estas acciones pueden llenar mi vida, y la vida de los otros de una nueva esperanza.
F/ Dominicos.org

