Sábado 02 de marzo. Segunda semana de Cuaresma

Primera lectura de la profecía de Miqueas 7, 14-15. 18-20

Salmo 102, 1-2. 3-4. 9-10. 11-12 R/. El Señor es compasivo y misericordioso

Lucas 15, 1-3. 11-32: Este hijo mío estaba muerto, y ha revivido

El amor del padre bueno

Bien conocemos esta bella parábola. Podemos centrarnos en los tres personajes de ella. Al hijo menor le faltaba algo estando en la casa de su padre, por eso, le pide ir a otros lugares. Pronto gastó todo el dinero que el padre le había dado de su herencia, “viviendo perdidamente, sin encontrar la felicidad que iba buscando. Después de conseguir un trabajo que no le daba ni para comer… volvió a la casa familiar para pedir perdón al padre y también que le volviese a acoger.

El padre sintió mucho que su hijo marchase de su casa… y se llevó una gran alegría cuando le vio volver, y “echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo” y le ofreció el perdón que pedía… y no solo eso, sino que hizo gran fiesta por el regreso de su hijo. No era para menos “porque este hijo mío estaba muerto, y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”. Inmensa alegría la del padre.

No fue así la reacción del hermano mayor. No entendía la fiesta que el padre daba por el regreso del su hermano y así se lo manifestó a su padre, que trató de explicarle la alegría de recuperar al hermano menor y le recordó que él podía seguir disfrutando de todo lo que tenía el padre: “Todo lo mío es tuyo”.

Por encima de cualquier otra consideración alegrémonos profundamente de tener a un Dios Padre así.

F/ Dominicos.org

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