Lunes 7 de julio del 2025. Decimocuarta semana del Tiempo Ordinario – Año Impar
Primera lectura del libro del Génesis 28, 10-22ª
Salmo 90,1-2.3-4.14-15ab R/. Dios mío, confío en ti
Mateo 9,18-26: Cogió a la niña de la mano, y ella se levantó
La fe que transforma
Es evidente la voluntad de Dios de estar cerca del hombre. En el pasaje evangélico accede a imponer las manos sobre la niña muerta, y permite que la toque el manto una mujer enferma.
Dios no está nunca distante. Es siempre presencia amistosa, íntima a todo sentimiento, en contacto con la necesidad. Jesús hizo curaciones a distancia, otras veces prefirió ir a donde su presencia significaba más que el milagro. El “hombre” y la “mujer” lo saben y exteriorizan un gesto de fe que no se resigna ante el mal, y es aceptado por Jesús.
Entre todos los que apretujaban a Jesús hubo un contacto de fe que hizo salir virtud de él. La tímida mujer arranca un milagro. Lo que salva no es acercarse a Jesús, oír su palabra, pertenecer a su raza o ser miembro de su familia, lo que salva es la fe. La convicción de la mujer y la resurrección de la niña evocan signos sacramentales.
En los sacramentos es Jesús tocado con resultado desigual. Solo el contacto de la fe produce el resultado de la transformación espiritual.

