El verdadero tesoro de la vida es el amor compartido

«Vendan sus bienes y denlos como limosna» (Lc 12,33) fue la exhortación de Jesús que centró la meditación. El Papa explicó que esta llamada no se limita a los bienes materiales, sino que incluye nuestras capacidades, tiempo, afecto, presencia y empatía. “Todo lo que somos y tenemos —dijo— es un capital vivo que, si no se cultiva y comparte, se seca, se devalúa o acaba en manos de quienes lo reducen a mero consumo”.

“En resumen, todo aquello que hace de cada uno de nosotros, en los designios de Dios, un bien único, inapreciable, un capital vivo, palpitante, que para crecer requiere ser cultivado y empleado, porque si no se seca y se devalúa. O bien termina perdido, a merced de quienes, como ladrones, se apropian de él para convertirlo simplemente en un objeto de consumo.”

El Pontífice subrayó que la vida es un don que necesita espacio, libertad, relaciones y, sobre todo, amor para desarrollarse plenamente. Recordó que Cristo pronunció estas palabras mientras se dirigía a Jerusalén para entregarse en la cruz, un ejemplo supremo de amor y generosidad.

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