Martes 05 de noviembre de 2019. C. 31ª Semana T.0.

Guido María Conforti (1931) Isabel y Zacarías (s. I)

Rom 12,5-16a: Demuéstrense cariño y estimación. Salmo 130: Guarda mi alma en la paz junto a ti, Señor. Lc 14,15-24: El banquete ya está listo.

Rom 12,5-16: Pablo nos enseña: “Todos formamos en Cristo un solo cuerpo”. Desde el inicio de la vida cristiana todos venían con diferentes costumbres e ideas, se corría el riesgo de división, ser sectarios. Todos los dones, deben estar al servicio de la comunidad, con generosidad, solidaridad, alegría, sirviendo a los más necesitados, bendiciendo con humildad y viviendo en armonía.

Lc 14,15-24: nos presenta la parábola del banquete de bodas. Dios es el rey, alegre, cercano, prepara un banquete para las bodas de su hijo Jesús con la humanidad. El primer invitado es Israel. No lo escuchó, como hoy, estamos tan ocupados en nuestros asuntos materiales, económicos, políticos, en el dinero y no escuchamos a Dios que nos habla. En su gran amor y misericordia no se cansa, abre la invitación a todos los pueblos, a los pobres, lisiados, excluidos por el poder religioso y económico. El plan de salvación de Dios se abre a todos. Estamos invitados a un proyecto de vida que avanza, madura y crece en quienes aceptamos su invitación, con alegría, fe y esperanza.

¿Quienes rechazan la invitación de Dios hoy? Los que se ocupan de sus cargos para servirse a sí mismos, los que están más preocupados por el crecimiento de la bolsa de valores, el dinero, que cumplir con sus obligaciones de mejorar la calidad de vida de los habitantes. Quienes utilizan el poder político no para servir, sino ser servidos. Los que no piensan en elegir bien a sus autoridades, sino en el favoritismo. Dios toca tu corazón para cambiar nuestra vida personal e influir participando en el cambio de las estructuras o formas de vida social, económica, cultural, educativa y de salud.

Los invitados al banquete, descubren el valor y el respeto por la vida, la libertad y el servido generoso, la construcción de una nueva sociedad que cuide el agua, el aire, la naturaleza, pensando en el futuro. La armonía y solidaridad en las comunidades cristianas, que escuchan y practican la palabra de Dios, sirviendo mejor al prójimo. Dios nos invita y quiere nuestra respuesta libre.

¿Cómo respondemos a la invitación de Jesús? ¿Nos comprometemos en la construcción del reino de Dios, amando, siendo justos y construyendo la paz en el hogar, en la sociedad?

Fr. Héctor Herrera, O.P.

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