Viernes 20 de diciembre de 2019. A. Feria privilegiada de Navidad.

Domingo de Silos (1073)

Is 7,10-14: La virgen está encinta. Salmo 23: Va a entrar el Señor, él es el Rey de la gloria. Lc 1,26-38: Darás a luz un hijo.

Isaías 7,10-14: Dios envía al profeta Isaías al rey Acaz, quien está cercado por el rey de Damasco y el rey de Asiria. En este contexto, el profeta lo anima. No tiene que temer, si es fiel a Dios. El Señor le dará una señal. De una virgen nacerá el Emmanuel, el Dios con nosotros.

Lc 1,26-38: Dios se fija en los humildes. Envía a su mensajero Gabriel a Nazaret, quien le anuncia a María, la preferida del Señor: “Alégrate llena de gracia, el Señor está contigo” (v. 28). Ella es el objeto del amor divino. María se turbó. Gabriel, la anima y le anuncia, has sido elegida para ser la madre del Dios Altísimo y su reino no tendrá fin. Es el Dios de la sorpresa, se fija en un pueblo humilde, sencillo, marginado. Dialogan, es Dios que se acerca a la humanidad. María pregunta ¿Cómo sucederá eso si no convivo con un hombre? (v. 34). Según la tradición judía, ella estaba comprometida. No podía conversar con otro varón. Es Dios que le propone la maternidad. Libre y consciente tiene que responder a ese llamado: “el Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el consagrado que nazca llevará el título de Hijo de Dios” (v. 35). Su respuesta es: Yo soy la esclava del Señor, que se cumpla en mí tu palabra (v.38)

Su sí, cambia la historia. Él mismo Dios se encarna en nuestra vida. Nace una nueva esperanza, el hijo de Dios se ha hecho humano para divinizarnos, para abrirnos a una vida nueva. En él somos hijos de Dios. Por su gracia y misericordia nos hacemos hermanos de Cristo, hijos de María, cuya maternidad se hará plena en la cruz: Mujer, allí tienes a tu hijo. Hijo, allí tienes a tu madre.

El interés de Dios, no por el centro del poder, sino por la periferia, por los que no son tenidos en cuenta, es sorprendente. Dios nos habla en los acontecimientos sencillos de la vida. Abramos nuestro corazón y nuestra mente para hacer la voluntad de Dios. Acojamos a Jesús en los pobres, migrantes, desheredados de la tierra, que claman la justicia y la libertad de ser hijos, reconocidos como personas.

Dios ha hablado a una sencilla y humilde mujer: María. En ella ha devuelto la dignidad de la mujer, para ser reconocida como hija, esposa y madre, en igual de condiciones, derechos y deberes que el varón. Creados a su imagen y semejanza, nos viene en ella la salvación. El ser humano teje una historia de libertad y de compromiso con Dios y con su pueblo.

¿Dejemos que Él, entre en nuestra vida personal y comunitaria?

Fr. Héctor Herrera, o.p

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