Viernes 04 de diciembre de 2020. I semana de Adviento
Juan Damasceno (749)
Is 29, 17-24 Entonces, los ciegos verán
Salmo 26:
Mt 9, 27-31: ¿Creen que puedo curarlos?
Isaías nos anuncia un tiempo de esperanza: Los sordos volverán a oír, los ciegos a ver, los pobres se alegrarán, los tiranos y cínicos caerán por sus falsedades (Cf. Is 29,17-24) Esta esperanza se da en Jesús. Él sana a los dos ciegos, figura de la esperanza, quieren salir de la oscuridad para ver la luz. Nosotros necesitamos descubrir la oscuridad de los que engañan con falsas promesas, para ver la luz de un futuro diferente, iluminados por Cristo.
Recuperemos nuestra conciencia de dignidad como personas, participar para crecer y aprender cada día nuevos conocimientos, somos responsables de la sociedad, crear una conciencia ciudadana de seguridad y protección de la vida. No podemos cerrar los ojos frente a tanta violencia y mafias de narcotráfico, que se van entrando en la estructura política.
Jesús es la luz de nuestras vidas. Él nos abre los ojos para que veamos y actuemos. Ser la luz de Cristo en la familia, en la preparación de formar hogares sólidos pasa por el conocimiento de sí mismo y del otro para aprender amar y dar amor. De la luz de la libertad de Cristo nace el profundo deseo de respetar nuestros derechos y deberes y el de los demás. De una educación en la ecología y el cuidado de la creación nos harán signos creíbles que la Palabra de Dios es luz en nuestras vidas. En Jesús se cumple lo que anunciaba Isaías 29,17-34 “El jardín parecerá un bosque, los ciegos verán, los oprimidos volverán a festejar. Los tiranos y los cínicos, los que se desviven por el mal serán aniquilados”.
“Cuando vean lo que hace mi mano en medio de ellos, santificarán mi Nombre, santificarán al Santo de Jacob y temerán al Dios de Israel” (Is 29,23).
(+) Fr. Héctor Herrera op.

