Sábado 12 de diciembre de 2020. II semana de Adviento

Ntra. Sra. de Guadalupe

Is 7, 10-14; 8, 10 Miren, la virgen está embarazada

Salmo 66:

Lc 1, 39-48: Bendita entre todas las mujeres

Juan Diego se pone en camino, para cumplir con la prueba, pedida por el Obispo Juan de Zumárraga. Él es el embajador de la Niña María. En su humilde poncho o tilma, lleva las rosas de Castilla. Camina resueltamente hacia el obispo y le dice: “Padre mío, te traigo la prueba que has pedido a la Señora y Dueña mía. Para que creas que, la que me manda es la “Madre del Dios por quien todos viven” …Para que pongas por obra su ardiente deseo y su voluntad de que se levante, a los pies del cerrito Tepeyac, su Casa “donde Ella pueda escuchar nuestros llantos y secar nuestras lágrimas”… Ella, como prueba, me mandó recoger unas flores sobre el Tepeyac, unas hermosas rosas…Ella misma las tomó en sus manos, las ordenó…Y ahora ¡aquí las tienes! ¡Hazme el favor de recibirlas! Dicho esto, Juan Diego, suelta la tilma y caen las hermosas rosas de Castilla. Pero, el asombro más grande de todos los presentes fue contemplar, en el humilde ayate del indiecito azteca la Rosa más hermosa: la milagrosa imagen de Nuestra Señora de Guadalupe (P. 21 Nuestra Sra. De Guadalupe).

Dios se sirve de los más humildes para anunciar el Evangelio de Jesús. Con razón nos dice el evangelio de hoy de Lc. 1,39-45 que María se pone en camino a la montaña de Ain-Karin en Judá para visitar a su prima Isabel. Es el encuentro de dos mujeres: Isabel que lleva a Juan (Yahvé es favorable), quien prepara el camino de Jesús y salta de alegría desde el vientre de su madre. El gozo que experimenta al ver a María: la “Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre”. Dichosa tú que creíste (vv.42.45).

Anuncio, alegría, gozo, cumplimiento de la promesa de este Dios por quien todos vivimos, nos movemos y existimos. Es en la humildad y en la sencillez, como dirá más tarde el apóstol Pablo: “Sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de lo que le aman, de los llamados según su designio” (Rom. 8,28). Es por pura gracia y misericordia de Dios, que nos llama a reproducir la imagen de su hijo Jesús. Somos conscientes, que muchas veces no reproducimos en forma tan clara y transparente la imagen de Jesús, pero estamos llamados a la santidad, a ser mensajeros en medio de un mundo violento, burlón, a sufrir difamaciones y mentiras por causa de su nombre. Pero como hace más de 500 años, el pueblo indígena quería morir porque sus dioses han muerto, aparece la figura maternal de María, encarnada en su propia cultura para presentarnos a Jesús, el Señor de la vida y de la historia. La señora está embarazada. Los aztecas creían en un Dios principal (Ometeotl) que vivía en dos personas. Y esta unidad en la dualidad, la expresaban con dos palabras: cielo-tierra, florcanto (símbolos de Dios), tierra-sol (fuentes de vida), hombre-mujer (que dan origen a la vida humana), muerte-vida (que se destruyen y crean mutuamente). La cinta negra que ciñe, el vestido rosado de la señora indica que está embarazada. La flor de 4 pétalos: es la Nahui Ollín, símbolos del Sol y de Dios. María da a luz al “Quinto Sol”, el sol de la justicia “que ilumina a todo hombre que viene a este mundo” (Jn 1,9). La imagen de Guadalupe fue una buena noticia para el pueblo indígena. Va a nacer el Dios Omeotl, llevado por su Madre, “la que viene volando del Oriente como el águila de fuego”. Luego su Dios no nos olvida”.

María es esperanza para todos los pobres, porque ella es mensajera de vida y nos dio al autor de la vida Jesucristo. Los pastores que se identificaron y encarnaron en la realidad indígena como el Obispo Pedro Casaldáliga, emérito de Brasil, expresa su amor a la Virgen así: “Señora de Guadalupe, patrona de estas Américas: por todos los indiecitos que viven muriendo, ruega. ¡Y ruega gritando, madre! La sangre que se subleva es la sangre de tu Hijo, derramada en esta tierra a cañazos de injusticia en la cruz de la miseria”.

(+) Fr. Héctor Herrera op.

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