Monseñor Rizzato, humilde servidor de la Iglesia y de los más necesitados

En el día del funeral en Padua del arzobispo Oscar Rizzato, el Papa Francisco expresa sus condolencias a la comunidad diocesana local, recordando con gratitud su dedicación y humilde servicio a la Iglesia, llevado a cabo «cultivando la vida interior y la atención hacia los más débiles».

El Secretario de Estado, Cardenal Pietro Parolin, en nombre del Papa, ha enviado un telegrama al Obispo de Padua, Monseñor Claudio Cipolla, quien a las 10 de la mañana de hoy preside los funerales de Monseñor Oscar Rizzato, fallecido el 11 de enero. El rito funerario tendrá lugar en la iglesia parroquial de Arsego, en la provincia de Padua, lugar de nacimiento de Rizzato. El cuerpo será enterrado en el cementerio local.

Humilde servidor de la Iglesia, atento a los más débiles

La homilía será pronunciada por el obispo emérito de Padua, monseñor. Antonio Mattiazzo, que conocía bien al difunto, limosnero pontificio desde 1989 hasta 2007. El telegrama hace referencia a este servicio: «El Santo Padre Francisco -escribe Parolin- quiere expresar su cercanía a esta comunidad diocesana, recordando con ánimo agradecido a este discreto servidor de la Iglesia que, cultivando la vida interior y la atención a los más débiles, desempeñó su ministerio con humildad y dedicación, en particular en la Secretaría de Estado y en la Limosineria Apostólica». El Secretario de Estado describiéndolo «vigilante y cortés»  recuerda la preocupación con la que Monseñor Rizzato también se comprometió «en la colaboración pastoral, especialmente en la administración de los sacramentos de la iniciación cristiana».

Muchos se beneficiaron de su ayuda

El Cardenal Parolin refiere que el Papa Francisco  reza por el alma del difunto y desea transmitir a toda la comunidad diocesana, a los familiare y a todos los que sufren por su fallecimiento, el consuelo de la bendición apostólica. «A ella, concluye el telegrama, uno mis personales condolencias, invocando la intercesión de la Madre de Dios y de aquellos que, una vez pobres en la tierra y ahora ricos en el cielo, se beneficiaron de la ayuda de nuestro difunto hermano».

Monseñor Mattiazzo: recuerdo su forma de rezar

Monseñor Rizzato «fue un hijo ilustre de Arsego, nació aquí en una familia de profundas raíces cristianas» y «respondió rápidamente a su vocación» consagrándose totalmente al servicio del Señor y de la Iglesia. Lo afirmó el Obispo Emérito de Padua iniciando su homilía. El prelado recordó la primera imagen que guardó de Monseñor Oscar que lo llevó al Colegio Episcopal de Thiene, donde fue vicerrector del seminario juvenil. Lo recuerda, joven, frente al tabernáculo y dice: «Si todavía conservo esa imagen es porque me impresionó. Uno que reza, de rodillas y en adoración silenciosa: eso es lo que entendí de él».

Servicio a la Iglesia universal

Más tarde, en su servicio a la Iglesia universal, continúa Monseñor Mattiazzo, Rizzato «amplió su ánimo a los vastos horizontes, a las situaciones y a los problemas del mundo y de la Iglesia», junto a Papas de gran talla y ve tres cualidades en este servicio: «competente, asiduo, humilde y desprendido». «Podemos afirmar que el obispo Oscar Rizzato contribuyó, con su diligente laboriosidad – afirma – al precioso e insustituible ministerio de los Papas en uno de los tiempos más neurálgicos y gloriosos, pero también entre los más turbulentos de la Iglesia y la sociedad». El obispo emérito, en su papel de limosnero que es «un ejercicio de caridad evangélica realizado en nombre del Papa», continúa, su nombre «queda impreso en los innumerables pergaminos con la Bendición del Papa que envió a toda la Iglesia» y que evocan «el ministerio de unidad en la fe y la comunión» del Papa que «otorga la benevolencia y la protección del Señor».

La importancia de la participación efectiva en la Eucaristía

¿Pero dónde encontró Monseñor Rizzato la fuente de su vida y su trabajo? «En el centro de su vida espiritual», enfatiza el prelado, «en la Eucaristía, la comunión íntima con el Señor Jesús. Y hace una consideración sobre la situación que estamos viviendo: «Es importante que reflexionemos sobre el valor inestimable de la Eucaristía, que es el centro vivo de la vida cristiana, y sobre el daño que la pandemia puede causar al impedir o limitar la participación en la Eucaristía». La vida cristiana necesita ser alimentada, continúa Monseñor Mattiazzo, y Jesús nos dio la Eucaristía para que tengamos la vida eterna que ya comienza en esta tierra y luego verá su cumplimiento en el Cielo. «Es de temer que la no participación en la comunión eucarística lleve a un mayor debilitamiento de la vida cristiana y eclesial», señaló el obispo emérito. Por esta razón es necesario que hagamos todos los esfuerzos e incluso sacrificios para la participación efectiva en la Eucaristía en el día del Señor». Monseñor Mattiazzo concluye confiando al Señor con gratitud a Monseñor Oscar: «por todo lo bien que nos ha querido y realizado para nosotros, pedimos al Señor que lo acoja con rostro festivo en su Reino de bienaventuranza y paz, diciendo: ven siervo bueno y fiel, entra en el gozo de tu Señor».

Fuente: Vaticannews.va

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